Tomemos, pues, cierta distancia, entrecerremos los ojos en busca de una visión algo borrosa, y entonces gozaremos de excelentes cuadros impresionistas de aquella Lima con sus calles y portales poblados de osados aventureros, mano de obra desocupada a la espera de la oportunidad soñada que los hará medrar, del ambiente en la recién fundada Santa Cruz de la Sierra, en la legendaria Villa Rica…