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ÚLTIMA CENA EN PATAGONIA
"El Gran Hotel, mientras Hitler devastaba Polonia y se adentraba en la lÃnea Maginot, se divisaba a lo lejos como una enorme bola de fuego hasta que cuatro horas más tarde, fue desapareciendo en la oscuridad de la noche sureña." La noticia consignada en La Gaceta del Sur el 26 de octubre de 1939, abre la novela. AsÃ, partiendo de la realidad del incendio del hotel conduce gradualmente al lector a través de historias que se tejen y se destejen. Hay un despliegue de diversas técnicas y una amenÃsima trama en la que, se alternan ficción y hechos reales muy imaginativamente ordenados. El espacio de la novela es el espacio del enigma. Toda certeza concluye en la incertidumbre. Y será el comisario Gaudencio Scandroglio quien deberá develar la intrincada maraña de sucesos, aunque él mismo deba reconocer que el incendio se llevó cientos de secretos. Son once los únicos testigos de la noche fatÃdica y asistiremos al testimonio de cada uno de ellos con sus caracterÃsticas bien determinadas. Con Ana Luna entra en la historia un tiempo sin tiempo. Su figura enigmática introduce la magia y el misterio de la tierra y sus ancestros. Su presencia en la trama novelesca establece un contrapunto con el relato policÃaco. Scandroglio no cesa de indagar en los datos precisos de cada hecho o señal que aporte claridad e interroga puntualmente a todos y cada uno de los posibles culpables del incendio. Esta novela confirma a Jaime Grinberg como un escritor que ama la literatura y sus desafÃos. La lectura de Última Cena en Patagonia no nos defrauda, todo lo contrario, como lectores recreamos los mundos que se despliegan ante nuestros ojos.
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